De la tierra de Kafka
El Puente de Carlos sobre el Moldava,
majestuoso exhibe sus diamantes
y Santa Ludmila, patrona, bendice
la cotidiana procesión de caminantes.
Cosmopolita, presumes de tus tejados
que desde el castillo como terraza
lucen como tapiz de rojo interminable
grabado en la retina como arte refinado.
Diversidad es el signo de tu historia,
de religiones, de sagrada convivencia.
Católicos, judíos y alemanes te poblaron
y sus templos son emblema en la memoria.
En el barrio Malá Strana
siete figuras de bronce
que son reflejo de heridas.
Es historia y es pasado,
es metal que se deshace,
es sufrimiento y exilio,
y es metáfora y resistencia
de opresión y supervivencia.
Son silenciosos sus nobles habitantes
que con los húngaros libran una lucha
que ni el gran Kafka imagino en sus encierros:
Es el goulash y su origen verdadero.