París: Un recorrido por la ciudad y su historia.

La otra cara de las cosas. Era esa una intriga constante que aparecía como una espontánea curiosidad. La búsqueda consistía en darle un giro de 180 grados a todas las cosas para saber cuál sería su comportamiento. La cara oculta de París la iba a descubrir a medida que analizaba con detenimiento ciertos aspectos de la ciudad. Alguien me comentó que el mapa muestra un anillo que circunda la ciudad llamado “Boulevard Périphérique”, un nombre que sugiere que todo lo que esté dentro del gran círculo abarca los lugares más conocidos y, desde luego, más atractivos. 

En cambio la curiosidad me llevó a explorar los sitios cercanos a esa dibujada periferia. Y fue a través del arte y de la historia que pude descubrir la marginalidad, la cara oculta y desprolija de una ciudad arquitectónicamente única y ejemplar. 

Así llegué a descubrir Saint Denis, un suburbio industrial en tiempos del Mayo francés en el año 1968. Esta región ubicada al norte de la ciudad simboliza la unión de los obreros al movimiento estudiantil en demanda de libertad y justicia social. En la actualidad esta comuna cuenta con un gran estadio construido para el mundial de fútbol del año 1998. Supo ser la sede de torneos de rugby y además fue utilizado nada menos que para los recientes juegos olímpicos. 

Para algunos quedará el recuerdo del lugar que ha sido un bastión de la lucha obrera y estudiantil. Yo, seguiré coreando los versos que me inspiraron a descubrir este lugar: 

“Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis, que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París”*

Así es; cuando se acabaron las utopías ese París había quedado muy lejos.

Este viaje imaginario me llevó al este. La serie The Eddy que vi en Netflix me mostró la parte marginal y multicultural de la ciudad; lugares en los que se aprecia la diversidad. Cerca de la periferia, hay una zona que va desde Belleville a Daumesnil cerca de los distritos doce y trece. Allí conviven los músicos, cada uno con su realidad y su drama. No interesa demasiado si el club de jazz “The Eddy”, el lugar de encuentro, era real o ficticio. Aquí, la violencia y la lucha por la supervivencia se olvidan por un instante cuando suenan los acordes que Eddy, el dueño del lugar y el formador de la banda, se esmera en perfeccionar cada noche. El paisaje parisino es una ventana abierta donde el sol calienta una mañana de verano, una taza de café y, como telón de fondo, una calle caótica y desordenada. Se observan las vivencias y las celebraciones de los musulmanes, el implacable acoso de las mafias y la lucha diaria de los músicos por subsistir. De pronto, una atmósfera de encierro, y la celebración del encuentro cotidiano para armonizar los sonidos de un furioso jazz. 

Ahora, casi sin poder resistir la tentación, acompañamos a Horacio Oliveira en la búsqueda y persecución de La Maga. Estos son los personajes centrales de la novela “Rayuela” del escritor Julio Cortazar. La primera parte de esta obra transcurre en las calles de París. Ahora sí, hemos llegado a esa ciudad soñada.  

Por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, al Pont des Arts, luego la rue des Lombards, la rue de Verneuil, el Pont Saint-Michel y el Pont au Change. En un vertiginoso relato, el autor nos lleva a una recorrida sin pausa, un viaje en el que los lugares transcurren velozmente, como si La Maga actuara como una niña escurridiza difícil de alcanzar. El lector emprende un viaje imaginario alternando calles y puentes en tumultuosa armonía. El protagonista de la historia, Horacio Oliveira, es un intelectual que recorre la ciudad sin otra preocupación que la de encontrar a la mujer. El relato transcurre a principios de la década de 1960. De hecho la novela fue publicada en 1963, días en los cuales se vivía en una ciudad cosmopolita y romántica que iba a estallar unos años más tarde, en 1968 según explican los párrafos anteriores. 

Benjamín piensa que París representa, para su hija Alina, el encierro y la asfixia al haberse casado con Philippe, un pintor francés que la condenó a vivir en un departamento con olor a pintura después de haber vivido la infancia y adolescencia en las praderas de Galicia**.  

Hay un elemento que caracteriza a la ciudad, y es su cielo. El cielo de París es una marca registrada. Las Vegas le dedicó un lugar especial en su hotel. El inmenso salón reservado a las ruletas y a las máquinas tragamonedas tiene en su techo un efecto de luces que muestra eternamente un atardecer bajo un cielo celeste, ese mismo cielo que cubre una ciudad que ha sido escenario de conflictos, inspiración de escritores, refugio de artistas y destino de inmigrantes; un manto en el que conviven mundos diversos y contrastantes.

* Extracto de la canción “Papá cuéntame otra vez”. Autor: Ismael Serrano.

** Del cuento “Las ataduras”. Autora Carmen Martín Gaite

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