Distrito Federal
Acompáñame a recorrer la ciudad de México en un poema.
Quiero preguntarte Garibaldi
si en tus sueños reviven los mariachis
que en las noches adornan los rincones
de una plaza que a gritos de trompetas
cantan tu nombre entre lumbres y rancheras.
El Museo del Tequila está en la esquina;
veinte pasos te separan del bullicio,
del Tenampa donde rugen alaridos
de fervientes parroquianos, que aturdidos,
entre tragos desafían su destino.
Coyoacán, tu bohemia atmósfera suspira
historias de Frida y de Trotsky en los museos.
Hogar de Cortez en el mil quinientos.
Pintoresca y elegante, legendaria, intelectual.
El coyote fue tu origen, eres en nahua: Coyohuacan.
Tu vértigo Insurgentes me devora.
Atraviesas la ciudad que te ilumina;
un sendero de surcos infinitos
que los taxis invaden en vaivén peligroso
que el incansable caminante recorre sin reposo.
Afina tu instrumento, noble guitarrero
que los duendes aguardan tu estridente melodía
que en la noche cien mariachis al unísono
renacerán en las colonias y en las plazas.
Tradición que agita el alma con ventura y alabanza.